Bien
Para hacer el bien se necesita valor, estar dispuesto a sufrir cualquier mortificación, no hacer sufrir nunca a nadie, se siempre amable. (III, 52).
Autoridad
Cuando surja alguna dificultad con la autoridad temporal o eclesiástica, procurad presentaros a explicar la razón de vuestro proceder. La exposición personal de vuestras intenciones disminuye bastante y posiblemente desvanece el juicio que alguna mentalidad pudiera haberse formado de vosotros. (XVII, 270).
Amor
Los jóvenes secundados en lo que les agrada, poco a poco comienzan a amar lo que antes no les gustaba; como la disciplina, el estudio, la mortificación de sí mismos, adquiriendo esto con entusiasmo y amor. (XVII, 111).
Amistad
Si alguno se inclina hacia las amistades particulares, o que, aun remotamente, corra peligro en la moralidad, cámbialo prudentemente de sitio; si fuera necesario, dale otra ocupación; y si pusiera en peligro la inocencia de algún compañero o de algún alumno, destínalo a otra ocupación y da aviso oportunamente. (VII, 525).
Alma
No pienses que vives en el mundo únicamente para divertirte, enriquecerte, comer, beber y dormir, como los animales privados de razón; pues el fin para el que has sido creado es infinitamente superior y más sublime; esto es: amar y servir a Dios en esta vida y salvar tu alma en la otra. (BAC, 686).
Alegría
Mientras los alumnos se dejen guiar por la obediencia, como una madre lleva de la mano a su hijo, reinará la paz y la alegría en nuestro Oratorio. (XVII, 111).
Castidad
La virtud sobresaliente de los Salesianos debe ser la Castidad; así como los hijos de San Francisco de Asís se distinguen por su pobreza, y los hijos de San Ignacio sobresalen por la obediencia. (SM. 183).
El mundo está lleno de tontos y de astutos. Los astutos son los que trabajan y sufren para ganarse el cielo; los tontos son los que viven su vida sin pensar en la eternidad. (VIII, 19-20).
Coadjutor
Se llaman Coadjutores porque tienen el particular oficio de coadyuvar a los Sacerdotes en las obras de caridad cristiana propias de la Congregación. No son servidores, sino condueños. (BAC.28).
Confesión
Acoged con amabilidad a toda clase de penitentes, pero en especial a los jóvenes. Ayudadles a exponer el estado de su conciencia, animadlos a frecuentar el santo Sacramento de la Penitencia. Este es el medio más seguro de tenerlos alejados del vicio. Pones todo vuestro esfuerzo en que practiquen los avisos que les deis para evitar las recaídas. Corregidlos con bondad; puesto que si los reprendéis con aspereza, o no vendrán a buscaros más, o bien ocultarán sus faltas por miedo a vuestro severo requerimiento. (Miguel Magone, Cap. V).